Erwinia amylovora Pseudomonas syringae Fuego Bacteriano en manzanas y peras

Erwinia amylovora Pseudomonas syringae Fuego Bacteriano en manzanas y peras

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En este grupo de enfermedades, consideramos principalmente dos, que son las que afectan seriamente a los cultivos del manzano y peral.

Se trata del:

  • – Fuego bacteriano, producido por la bacteria Erwinia amylovora.
  • – Desecamiento bacteriano del peral producido por Pseudomonas syringae.

1.- EL FUEGO BACTERIANO.

Es una enfermedad grave en la zona donde aparece.

Sintomatología.

Necrosis y ennegrecimiento, de los órganos alcanzados por la bacteria, ramilletes florales, flores, brotes, que se curvan en forma de cayado, ramas y frutos, que se momifican siendo todavía jóvenes.

Producción de un exudado en forma de gotitas, de un líquido pegajoso, blanco o amarillento que se convierte después en ambarino.

La coloración marrón-rojiza de los tejidos próximos a la corteza, de la zona necrosada, son la consecuencia del fuego bacteriano.

Normalmente esta afección, progresa hacia las partes más viejas del árbol y forma chancros desde la periferia hacia la base de la planta, más rápidamente en el peral, que en el manzano.

Normalmente, los primeros síntomas se presentan en primavera, durante la floración y brotación, y se localizan con frecuencia en la zona media o baja del árbol, tanto en la periferia como en el interior de la copa. Las heridas provocadas por agentes meteorológicos adversos (granizo, vientos fuertes, etc), así como por agentes mecánicos (podas) son vías de entrada para la enfermedad. Si las condiciones de humedad y temperatura son favorables, la infección se extiende rápidamente al resto de la planta.

Todos los órganos de la planta pueden verse afectados por la bacteria. El síntoma más característico de la enfermedad es el aspecto quemado de las hojas y brotes de la planta afectada, así como el secado de flores, el curvado de los brotes jóvenes en forma de cayado, la aparición en el fruto de manchas de color marrón y la formación de chancros en tronco y ramas. Se puede presentar un exudado de color pardo sobre el órgano atacado. Las hojas afectadas no caen, sino que permanecen en el árbol.

La especie hospedadora de E. amylovora que muestra la sintomatología más llamativa es el peral, cuyas flores, hojas, brotes y frutos toman un color negro o muy oscuro que confiere a las plantas afectadas un aspecto similar al quemado por el fuego cuando la enfermedad está muy avanzada, lo que dio lugar al nombre de “fuego bacteriano”. En manzano, níspero, crataegus, cotoneaster, pyracantha y otras rosáceas ornamentales o silvestres, los síntomas pueden ser menos espectaculares que en peral, ya que en estas especies la coloración del follaje afectado es parda o rojiza.

Propagación.

Las bacterias permanecen, durante el invierno en los chancros procedentes con frecuencia, de contaminaciones tardías, difíciles de localizar.

En primavera, el inóculo se produce bajo la forma de exudado y su diseminación, está asegurada, por la lluvia, el viento, los insectos, los pájaros y los útiles de poda, penetrando las bacterias, por las flores, los brotes jóvenes y las heridas.

Factores que favorecen el fuego bacteriano.

– Las variedades sensibles de peras y manzanas y la presencia de plantas ornamentales, que sirven de plantas huéspedes, para la transmisión de la bacteria, ( espinos, serbales…).

– Las condiciones climáticas:

  • – La temperatura durante la floración, siempre que sea superior a los 21ºC.
  • – Las condiciones climáticas en el período de crecimiento, tormentas, lluvia o granizo.
  • – Las segundas floraciones, especialmente en el peral.
  • – Los abonados, con exceso de Nitrógeno.

Resulta imprescindible el control del material vegetal que se introduce, por lo que al adquirir plantas sensibles (tanto de fuera como de dentro de España), deben llevar el correspondiente pasaporte fitosanitario ZP.
Los síntomas de fuego bacteriano pueden ser fácilmente confundibles con los de enfermedades producidas por otras bacterias y hongos, por ataques de insectos, o por alteraciones fisiológicas, por lo que en caso de detectarse síntomas sospechosos, deben avisar al Servicio de Sanidad Vegetal y Protección Fitosanitaria

Medidas de protección

  • – Destruir sistemáticamente, los focos de contaminación de las plantaciones y su entorno.
  • – Controlar el material vegetal utilizado, para evitar la introducción de la enfermedad.
  • – Vigilar sistemáticamente la plantación, sobre todo en período de riesgo.
  • – Suprimir y destruir las partes afectadas, cortando a unos 70 cm. por debajo de la zona, donde se ven los síntomas.
  • – Desinfectar todos los instrumentos utilizados en la poda, con los productos bactericidas, alcohol o pasándolos sobre una llama, antes de pasar a otro árbol para podarlo.
  • – Tratar después de la recolección, a la caída de hojas y de nuevo antes del desborre.

Renovar los tratamientos, después de una lluvia unos 20 mm. o inmediatamente después de una granizada.

Tener cuidado, con la aplicación de ciertos productos durante la floración, porque pueden ser fitotóxicos en esta época.

Es posible detectar síntomas de la enfermedad causada por Erwinia amylovora (Fuego bacteriano) en plantaciones de las especies sensibles.
La detección rápida de los primeros daños, la extirpación y destrucción de las partes afectadas o el arranque de plantas completas es fundamental para intentar controlar la enfermedad. Ante esta situación, es imprescindible que vigilen permanentemente las parcelas de peral.
Puesto que se trata de una bacteria sistémica y la enfermedad avanza por el vegetal más rápidamente que los síntomas, la poda debe de ser drástica.

2.- DESECAMIENTO BACTERIANO

Producido por Pseudonomas syringae, presente en numerosos vegetales, puede también producir daños en el peral.

Sintomatología.

  • – Necrosis y desecamiento de los brotes florales, que no llegan al desborre y mueren.
  • – Desecamiento de las flores, en las que aparecen, unas manchas negras sobre el cáliz, el receptáculo y el pedúnculo.
  • – Los frutos jóvenes, se ennegrecen, secan y caen. Si hay ataques tardíos de Pseudomonas, pueden producir necrosis internas y deformaciones sobre los frutos, que haya en el árbol.
  • – En las hojas, aparecen manchas marrón oscuro, de algunos milímetros, rodeadas por un halo rojizo. Las manchas pueden juntarse y transformarse en placas negras.
  • – Sobre el tronco, las ramas y los ramos aparece en la corteza, un chancro característico, que produce la separación, de la misma con facilidad en láminas finas.

Propagación.

Las bacterias, se encuentran de forma natural y a veces abundantemente, en la superficie de las hojas, flores y frutos, incluso sin síntomas visibles.

Se instalan en los brotes, en el momento de su formación y se mantienen allí, desde el final del verano, hasta el final del invierno siguiente.

Si las condiciones son favorables, las bacterias pueden provocar heridas en el interior de los brotes, favoreciendo de esta manera, su penetración en los tejidos y el desarrollo de la infección.

Los síntomas, son visibles al desborre, aunque las poblaciones de bacterias, se desarrollan activamente, de abril a junio.

Factores que favorecen su propagación.

  • – Elevado contenido de agua de los tejidos, durante la parada vegetativa de los árboles, unido a un otoño lluvioso o un exceso de riego.
  • – Heladas en primavera, después de un invierno suave.
  • – La sensibilidad varietal.
  • – El exceso de Nitrógeno, en la fertilización.

Medidas de protección.

  • – Evitar los riegos tardíos.
  • – Limitar las aplicaciones tardías de nitrógeno.
  • – Tratar en primavera y al final de la inducción floral, para rebajar la población bacteriana.

Con objeto de evitar la propagación de la enfermedad en las zonas que no tengan el estatus de “zona protegida” (ZP) respecto al fuego bacteriano, como es actualmente el caso de La Rioja, el Real Decreto 1201/1999, modificado por Real Decreto 1786/2011, que regula el programa nacional de erradicación y control del fuego bacteriano de las rosáceas, establece la obligatoriedad de realizar tratamientos preventivos en las épocas adecuadas con un principio activo autorizado. Por ello, se debe realizar un tratamiento cuando se haya terminado la recolección en peral y manzano utilizando unos 500 gramos de cobre por 100 litros de agua.

Tratamiento recomendado

Para intentar reducir el inóculo de estas bacterias que pueden vivir de forma epifita durante el invierno, es conveniente efectuar al menos 2 tratamientos con un compuesto
de cobre antes de la apertura de las flores. Este tratamiento es eficaz también contra Moteado.

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Otras informaciones

Fuente Boletín de Avisos del Centro de Sanidad y Certificación Vegetal del Gobierno de Aragón

La gravedad del fuego bacteriano de las rosáceas, que afecta tanto a frutales de pepita como a plantas ornamentales y silvestres, se ve acentuada por la facilidad de dispersión de la bacteria y por la dificultad de control. El control de esta enfermedad, se debe plantear mediante una estrategia integrada, ya que es fundamental aplicar con el máximo rigor todas las medidas profilácticas y de cultivo, tendentes a reducir la cantidad de inóculo en la parcela y a atenuar los factores que favorecen el desarrollo del fuego bacteriano.
A continuación se señalan las principales medidas de control:

Eliminación de síntomas
La cantidad de bacteria (inóculo) presente influye de forma decisiva en el desarrollo e intensidad de las infecciones, siendo uno de los principales factores condicionantes de la enfermedad.
Se ha observado que el fuego bacteriano progresa más rápidamente cuanto más material vegetal con síntomas exista en una plantación o en sus cercanías.
La extirpación y destrucción de partes afectadas de la planta, o el arranque de las plantas afectadas, se recogen en el Artículo 9 del RD 1201/99, y son las medidas de control más eficaces. Deben efectuarse lo más rápidamente posible en el momento de su observación para reducir inóculo y evitar la dispersión de la bacteria. Siempre que sea posible, las ramas afectadas y cortadas deben destruirse inmediatamente, o guardarlas en sacos de plástico in situ. Tras efectuar el corte de una rama afectada, se deberá proceder a la desinfección de las herramientas utilizadas con algún producto biocida.
Para localizar los síntomas, se deben inspeccionar sistemáticamente las plantaciones. El control de la enfermedad solo será posible si se detectan los síntomas precozmente, lo que supone que es el propio agricultor quien debe efectuar una vigilancia sistemática y minuciosa de sus plantaciones. Es fundamental inspeccionar las plantaciones en los siguientes periodos:
– Durante y después de la floración (vigilando especialmente las floraciones secundarias).
– Después de una lluvia, tormenta y, sobretodo, después de un granizo.
– En junio, julio y septiembre, realizar visitas regulares en los periodos de crecimiento vegetativo activo de los árboles.

Tratamientos fitosanitarios
No hay productos fitosanitarios curativos, con buena eficacia y autorizados contra esta bacteria, que puede colonizar la planta de forma endófita y epifita.
Los tratamientos con derivados cúpricos efectuados en el periodo comprendido entre la caída de hojas y la floración (que se recomiendan en el control preventivo de otras enfermedades), pueden ser también efectivos para disminuir la cantidad de inóculo o inhibir momentáneamente la multiplicación de la bacteria. Se recomienda efectuar un tratamiento cúprico en el momento de la caída de las hojas, y dos desde el inicio del desborre hasta el estado fenológico E.
La sustancia activa fosetil-Al podría inducir alguna resistencia frente a la enfermedad.

Medidas culturales
Deben controlarse todos aquellos factores que favorecen la susceptibilidad de las plantas y/o la dispersión de la bacteria:
1) Realizar la poda únicamente cuando los árboles estén en completo reposo invernal, eliminando cualquier chancro sospechoso. Se desaconseja la poda en verde.
2) Realizar las labores de poda de manera que se favorezca la máxima aireación de la plantación, desinfectando con frecuencia los útiles empleados. De ser posible, y cumpliendo la normativa establecida, es preferible destruir los restos de poda mediante quema en lugar de por picado sobre la parcela.
3) Evitar cualquier práctica que pudiera favorecer la aparición de floraciones secundarias. Si éstas se producen, se recomienda, su eliminación manual.
4) Ajustar al máximo las cantidades de fertilizantes nitrogenados que se aportan para hacerlos coincidir con las demandas del cultivo, evitando de este modo crecimientos vegetativos excesivos.
5) Evitar el riego por aspersión.
6) Se recomienda la implantación de variedades y/o patrones resistentes o menos susceptibles a la enfermedad.
Esta práctica no es fácil de aplicar, puesto que con frecuencia las variedades resistentes no tienen buena aptitud comercial, y los portainjertos no se adaptan a las condiciones edáficas o al diseño de la plantación.

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