Desinfeccion de suelo agricola con plasticos solarizacion

Desinfeccion de suelo agricola con plasticos solarizacion

Reproducción del magnifico articulo de Barakat Abu Irmaileh para la FAO

INTRODUCCIÓN

Antes de que hubiera una disponibilidad general de plaguicidas a fines de la década de 1940, la desinfestación del suelo por medio del calor, el vapor o el agua caliente era una práctica usada desde muy antiguamente y bien conocida para controlar las plagas del suelo (Newhall, 1955; Baker, 1962). La elevación de la temperatura del suelo hasta 60 °C por medio de la inyección de vapor durante 30 minutos ha sido una recomendación común entre los métodos usados para el control de las plagas del suelo (Brazelton, 1968).

La solarización del suelo es un término que se refiere a la desinfestación del suelo por medio del calor generado de la energía solar capturada. La captura de energía solar para elevar la temperatura del suelo con este propósito es una actividad que se remonta a tiempos lejanos. Grooshevoy (1939) experimentó con la solarización del suelo en el Cáucaso en 1938; obtuvo un control efectivo de organismos patogénicos del suelo capturando energía solar bajo parcelas frías sujetas a la luz solar directa antes de la siembra, por períodos suficientes para elevar hasta 40-60 °C la temperatura de la capa superior del suelo (hasta una profundidad de 10 cm); así obtuvo el control de la pudrición negra de las raíces de las plántulas de tabaco causada por Thielaviopsis basicola.

La solarización del suelo es un proceso hidrotérmico que tiene lugar en el suelo húmedo el que es cubierto por una película plástica y expuesto a la luz solar durante los meses más cálidos. El proceso del calentamiento solar del suelo es conocido como solarización del suelo y abarca un complejo de cambios físicos, químicos y biológicos del mismo asociados con el calentamiento solar y tiene valor como una alternativa al uso de ciertos productos químicos para la agricultura que serán radiados del uso agrícola. La solarización del suelo es un proceso de cobertura que tuvo sus orígenes en las épocas tempranas de la agricultura cuando esta práctica fue usada para cubrir el suelo y las plantas con materiales orgánicos e inorgánicos para formar una barrera protectiva contra las heladas. El suelo así calentado fue usado para aumentar el crecimiento de las plantas y la cobertura también fue utilizada para limitar la evaporación de agua del suelo, para controlar malezas, para mejorar la estructura del suelo y para combatir la erosión (Lai, 1974; Waggoner et al., 1960; Burrows y Larson, 1962).

Cuando se comenzaron a usar las coberturas de plástico el polietileno fue considerado ideal para el calentamiento solar en razón de que es básicamente transparente a la radiación solar (280-2 500nm) extendiéndose hasta el extremo infrarrojo, pero menos transparente a la radiación terrestre (5 000- 35 000 nm) reduciendo el escape de calor del suelo. El polietileno es un derivado petroquímico y su costo está directamente relacionado con su espesor. Las películas de polietileno han sido usadas con buenos resultados en la solarización del suelo.

CONVERSIÓN DE LA RADIACIÓN SOLAR EN CALOR BAJO LA COBERTURA

Durante la solarización del suelo, la radiación solar recibida penetra a través de la película plástica y es absorbida por el suelo. La mayor parte de la radiación absorbida es convertida en calor. Dado que todos los objetos por encima del cero absoluto emiten calor, tanto la cantidad como la calidad de la energía radiante emitida por el suelo dependen de la temperatura del mismo. De acuerdo a la ley de Stephan, la cantidad de radiación emitida es función de la cuarta potencia de la temperatura absoluta: Q= e dT4, donde:

Q= cantidad de energía radiada en calorías
d = constante de Stefan-Boltzman (8,132 X 10-11 cal/cm2/min.gr K4)
T = temperatura absoluta en grados Kelvin

La longitud de onda de la radiación emitida por cualquier objeto también está influenciada por la temperatura. De acuerdo a la ley de Wein, la longitud de onda de la radiación emitida es inversamente proporcional a la temperatura del objeto (ë á 1/T). Por lo tanto, la radiación solar es emitida a longitudes de onda más cortas comparadas con las emitidas por la tierra (99 por ciento de la radiación solar está comprendida entre 150-4 000 nm, mientras que la radiación terrestre es emitida a cerca de 10 000 nm, 99 por ciento de la radiación del suelo es emitida entre 400 -100 000 nm (IR larga) (Salisbury y Ross, 1980). Por lo tanto, la radiación solar puede fácilmente penetrar la cobertura de plástico pero la radiación emitida por el suelo (normalmente a una longitud de onda más larga) no puede pasar a través de esa cobertura. Consecuentemente, la mayor parte de esa radiación será retenida debajo de la cobertura plástica. Durante este proceso la temperatura del suelo podría elevarse a niveles letales para muchos de los organismos del suelo, incluyendo patógenos de las plantas y malezas.

ACCIÓN SELECTIVA CONTRA LOS ORGANISMOS DEL SUELO

La eficiencia de la solarización del suelo para controlar las plagas del suelo es función de las relaciones entre el tiempo y la temperatura y se basa en el hecho que muchos patógenos de las plantas, las malezas y otras plagas, son mesófilos. En el caso de estos organismos mesófilos, es crítico un umbral de temperatura de 37 °C; la acumulación de los efectos del calor a esta o a temperaturas más altas durante un cierto tiempo, es letal. Al aumentar la temperatura se requiere menos tiempo para alcanzar una combinación letal de tiempo y temperatura. Por ejemplo, a 37 °C, la temperatura letal de exposición (LD90 para muchos hongos mesófilos) puede requerir de dos a cuatro semanas, mientras que a 47 °C entre una y seis horas de exposición resultarán en un LD90 (De Vay, 1990).

Las temperaturas que comúnmente se alcanzan con la solarización del suelo oscilan entre 35-60 °C, dependiendo de la profundidad del mismo; por ejemplo, llegan a más de 45 °C en la capa de los 15 cm superiores del suelo, en el verano, en el valle de San Joaquín (Stapleton, 1990). Muchas plagas del suelo son bien controladas con cuatro a ocho semanas de solarización en la capa de 10-30 cm (zona radical).

Las temperaturas que se obtienen con la solarización del suelo son consideradas moderadas comparadas con las del tratamiento del suelo con vapor (Baker, 1962; Stapleton y De Vay, 1986). En consecuencia, la solarización del suelo es más selectiva en relación con la biota termofílica y termotolerante y los actinomicetos pueden sobrevivir e incluso prosperar bajo la solarización del suelo (Gamliel et al., 1989; Stapleton, 1981). Los efectos letales de la solarización del suelo son más acentuados en los microorganismos que no son buenos competidores del suelo. Muchos patógenos están incluídos en este grupo desde el momento que tienden a tener requerimientos fisiológicos especiales tales como una mayor adaptación a la coexistencia con las plantas hospedantes (Stapleton y De Vay, 1986); esto da lugar a cambios en la población, favoreciendo especies termotolerantes como Bacillus spp., pseudomonadas fluorescentes y hongos termotolerantes (Gamliel et al., 1989; Stapleton, 1981) y puede suprimir patógenos permitiendo la recolonización (después de una posible declinación inicial de su población) por parte de microorganismos que son más competitivos y a menudo antagonistas de los patógenos y plagas de las plantas. Los hongos antagonistas Trichederma harzianum colonizaron agresivamente suelos solarizados (Katan, 1981). La mayor parte de los microorganismos tolerantes a la solarización son conocidos como agentes de control biológico o estimulantes del crecimiento de las plantas (Baker y Cook, 1974).

MODO DE ACCIÓN PROPUESTO

Si bien la solarización del suelo es aparentemente un método muy simple, su modo de acción es complejo y puede ser descrito por sus efectos físicos, químicos y biológicos.

Los organismos del suelo son destruídos directa o indirectamente por las temperaturas a las que se llega durante el calentamiento solar del suelo húmedo bajo películas de polietileno que limitan el escape de gases y vapor de agua del suelo. La sensibilidad de algunos organismos a las altas temperaturas está relacionada con pequeñas diferencias en macromoléculas que llevan a un incremento de los enlaces intramoleculares con pequeños cambios en los enlaces-H, los enlaces iónicos y los enlaces de disulfitos (Brock, 1978). Los lípidos insaturados (que tienen un punto de fusión más bajo) en las membranas de los organismos mesofíticos hacen que sean más sensibles a las altas temperaturas durante la solarización del suelo que las especies termotolerantes. La sensibilidad de los organismos al calor está relacionada con un límite superior de la fluidez de las membranas, más allá del cual su función se reduce (Sundarum, 1986). Se encontró que la curva termal letal para los hongos patógenos es de tipo logarítmico (Pullman et al., 1981). Los organismos termotolerantes y termofílicos del suelo por lo general sobreviven al proceso de solarización del suelo (Brock, 1978; Stapleton y De Vay, 1984).

La declinación térmica de los organismos del suelo durante el proceso de solarización depende de la humedad y de la temperatura del suelo y del tiempo de exposición, los cuales están inversamente relacionados. La humedad del suelo es una variable crítica en todo el precoso de solarización del suelo. La humedad hace que los organismos sean más sensibles al calor; además, la transferencia de calor a las semillas de las malezas es incrementada por la humedad. Dado que la solarización es un proceso hidrotérmico y que su éxito depende de la humedad disponible para una mayor transferencia de calor, el calor máximo que alcanzan los suelos se incrementa con el aumento de la humedad de los mismos (Mahrer, 1979). Las actividades celulares de las semillas y el crecimiento de los microorganismos del suelo son favorecidos por la humedad del suelo, haciéndolos más vulnerables a los efectos letales de las altas temperaturas del suelo asociadas a la solarización del mismo.

La interacción entre las temperaturas y la humedad del suelo promueve el ciclo del agua en el suelo durante la solarización. Las capas superiores del suelo (5 cm superiores) tienen una marcada fluctuación diurna de la temperatura, enfriándose durante la noche y calentándose a altas temperaturas durante las horas de sol. Esta fluctuación diurna causa que la humedad en las capas superiores del suelo descienda durante el día como resultado de la radiación solar, mientras que de noche baja la temperatura de las capas superiores causando un movimiento ascendente de la humedad. A medida que la solarización del suelo se profundiza, el movimiento de la humedad es más pronunciado cambiando la distribución de las sales y mejorando la estructura del suelo. Se ha informado de una reducción de la salinidad del suelo como resultado de su solarización (Abdel-Rahim et al., 1988). Para maximizar este efecto en el suelo, la pre-irrigación al inicio de la solarización debería alcanzar una profundidad de 60-75 cm. Además, la eficiencia de la solarización también está influenciada por el tipo, el color, la estructura, la humedad, el contenido de materia orgánica y el espesor del suelo y la transmisión de la luz del material de cobertura (película de plástico), la temperatura del aire, el largo del día, la intensidad de la luz solar, la extensión del calentamiento, la sensitividad de los patógenos y las plagas al calor, la historia de cultivos y otros componentes de la ecología del suelo (Katan, 1987; Stapleton y De Vay, 1986).

El calor generado en el suelo por la radiación solar y la consecuente muerte de las plagas abarcan los principios fundamentales de la solarización del suelo. Sin embargo, el incremento de nutrientes de las plantas y el aumento relativo de las poblaciones bacterianas en la rizosfera tales como Bacillus spp. (Stapleton y De Vay, 1984) que contribuyen al marcado aumento en el crecimiento, el desarrollo y el rendimiento de las plantas en suelos solarizados, son componentes importantes de la solarización del suelo (Katan, 1985; Stapleton y De Vay, 1986).

La mayor disponibilidad de nutrientes minerales que hay después de la solarización del suelo está mayormente relacionada con la fracción orgánica tales como NH4-N, NO3-N, P, Ca y Mg, como resultado de la muerte de la microbiota (Baker, 1962, Chen y Katan, 1980; Stapleton et al., 1990; Stapleton et al., 1985). Los elementos P, K, y Ca, y algunos Mg extraíbles han sido encontrados en mayores cantidades después de la solarización del suelo (Stapleton et al., 1985). La liberación de compuestos del N (vapor o líquido) es un componente del modo de acción ya que una mayor concentración de N reducido se nitrificará después de la solarización del suelo para proporcionar NO3 para un mayor crecimiento de las plantas (Stapleton et al., 1990).

La concentración de cada elemento es función del pH del suelo y de los microorganismos nitrificantes (Hasson et al., 1977). Las altas temperaturas que alcanzan los suelos ricos en materia orgánica pueden matar buena parte de la microbiota, incluyendo los organismos nitrificantes y favoreciendo la acumulación de NH4-N. Por otro lado, las bajas temperaturas del suelo en los suelos con bajo contenido de materia orgánica permitirán la sobrevivencia de la biota del suelo y promoverán condiciones aeróbicas con una mínima liberación de compuestos nitrogenados dando lugar a la nitrificación y pérdida de N del suelo, ya que el NO3 es fácilmente lixiviado.

SOLARIZACIÓN Y BIOFUMIGACIÓN

La solarización del suelo también incluye cambios en los compuestos volátiles del suelo (Stapleton y De Vay, 1986). Diferentes tipos de materia orgánica tales como el abono animal y los residuos de los cultivos podrían ser combinados con la solarización del suelo para hacer la biofumigación de modo de incrementar la temperatura del suelo por medio del calor generado por la descomposición de esos materiales y de incrementar la capacidad del suelo de mantener calor (Gamliel y Stapleton, 1993). Durante el proceso de solarización, cuando se calienta la materia orgánica se liberan compuestos volátiles biotóxicos (Stapleton, 1997). Los correctores orgánicos, especialmente los residuos vegetales y los abonos animales aumentan la actividad biocida de la biofumigación por medio de la producción de compuestos volátiles que emanan de la descomposición de los materiales orgánicos (Gamliel y Stapleton, 1993, 1997). Muchos compuestos volátiles biotóxicos se producen durante la descomposición de residuos de repollos, específicamente durante las tres primeras semanas de la solarización del suelo (Gamliel y Stapleton, 1993a).

El tratamiento del suelo con fertilizantes orgánicos e inorgánicos basados en el NH4 y/o la solarización del suelo tuvieron actividad contra poblaciones naturales de Pythium ultimum y Meloidogyne incognita. La combinación de fertilizantes con solarización del suelo redujo, en algunos casos la población de Verticillium dahliae. El composto de gallinaza a razón de 5 381 kg/ha redujo significativamente Pythium sp. y cuando fue combinado con calor (42 °C) la población de Pythium fue erradicada (Stapleton et al., 1990).

TÉCNICAS DE SOLARIZACIÓN DEL SUELO, OPORTUNIDADES Y LIMITACIONES

La solarización del suelo se lleva a cabo por lo general en los períodos más cálidos del año. El proceso incluye una adecuada preparación del suelo para el cultivo normal, o sea que el suelo debería ser regado y labrado siempre que su estructura lo permita. Los terrones grandes deben ser rotos y las piedras, malezas, restos vegetales y cualquier objeto que pueda romper la película de cobertura deben ser removidos del terreno. La superficie del suelo deberá ser entonces afinada y muy bien nivelada antes de cubrirla con la cobertura. Las películas de plástico de las especificaciones deseadas se colocan a mano o a máquina con los bordes firmemente enterrados alrededor del área tratada. El plástico se coloca cubriendo en forma total o en fajas donde estarán en el futuro los surcos. Si se utiliza maquinaria pesada para colocar el plástico el suelo debe estar seco a fin de evitar su compactación. El riego adicional puede ser necesario cada dos o tres semanas a fin de mantener el suelo húmedo durante el período de solarización (en muchos lugares se recomienda un período de seis semanas, p. ej. Jordania). El riego después de la colocación de la película puede ser hecho mediante líneas de riego por goteo o por surcos, instalados o hechos antes de colocar el plástico. Los agricultores en el valle central de Jordania por lo general riegan dos veces por semana pero en cantidad limitada. En total y en promedio, aplican 103 m3 por cada 500 m2 (equivalente a alrededor de 2 000 m3/ha) en todo el período de 40 días. Esta es casi la misma cantidad que se aplica con el bromuro de metilo. Las películas de plástico pueden ser removidas antes de la siembra o el plástico puede permanecer en el suelo como cobertura para el siguiente cultivo sembrando o trasplantando a través de los huecos perforados en el plástico. En este caso se utiliza la solarización con plástico negro.

La solarización del suelo es un método que no usa plaguicidas, no es peligroso para el usuario y no transmite residuos tóxicos al consumidor; además es fácil instruir a los agricultores sobre su forma de aplicación. Los productos estarán libres de plaguicidas (si no se utilizan otros plaguicidas) y pueden obtener altos precios en el mercado. Puede ser integrado con el Manejo Integrado de Plagas (MIP) y controla muchas plagas del suelo. La solarización del suelo puede ser hecha manualmente o por medio de máquinas y por ello es adecuada tanto para países en desarrollo como para países desarrollados.

La relación costo/efectividad de la solarización del suelo debería tener en consideración los efectos a corto y largo plazo del tratamiento sobre el agrosistema (manejo de las plagas del suelo, incremento de rendimientos, mejoramiento del nivel de nutrientes del suelo y de otras características del suelo) así como las oportunidades que la solarización del suelo puede ofrecer para un control económico de las plagas. Algunas de esas oportunidades son señaladas por Elmore (1990), como sigue:

  • en un cultivo para el que no hay disponibles plaguicidas en razón de su falta de registro, disponibilidad, tolerancia del cultivo, peligro de aplicación o costo;
  • en un cultivo en el cual los problemas de las plagas no permiten su control por otros medios;
  • en los casos en que más de un problema puede ser resuelto por medio de la solarización del suelo;
  • cuando un cultivo es hecho en forma «orgánica»;
  • cuando la solarización del suelo puede cambiar la secuencia de los cultivos o los cultivos, para incrementar los rendimientos en la misma área o mantener los rendimientos en áreas menores;
  • en un cultivo en el cual el vigor de las plántulas y un rápido crecimiento significan una ventaja;
  • competencia en los mercados donde los alimentos «orgánicos» compiten con productos producidos convencionalmente y tratados con plaguicidas;
  • mejor impacto ambiental.

Sin embargo, la solarización del suelo también presenta limitaciones y dificultades. Puede ser usada solo en ciertas épocas y en climas cálidos y el suelo tiene que estar libre de cultivos durante el período de solarización. Puede ser menos efectiva en regiones templadas o frías y podría ser más costoso y su aplicabilidad está limitada a ciertos sistemas, por ejemplo, huertos de hortalizas y frutales y no es aplicable en cultivos en grandes extensiones, de secano o en ambientes áridos o semiáridos.

Otras limitaciones incluyen:

  • la necesidad de tener los campos de producción libres de cultivos por períodos relativamente largos (1-2 meses) durante los meses de verano;
  • escasez de agua de riego suplementaria durante el período de solarización;
  • la sobrevivencia de patógenos en las capas más profundas del suelo;
  • la posible contaminación causada por los residuos de plástico después que ha finalizado el tratamiento;
  • la falta de maquinaria adecuada para la aplicación de la cobertura en gran escala en los países en desarrollo;
  • algunas plagas son de difícil control o no son controladas por este tratamiento;
  • entre las fajas solarizadas no hay control de plagas en los surcos;
  • los vientos fuertes o los animales pueden romper la película de cobertura.

SOLARIZACIÓN Y MANEJO DE PLAGAS

Se han hecho varios estudios sobre la efectividad de la captura de la energía solar por medio de la cobertura de polietileno de suelos húmedos durante los períodos de más altas temperaturas del aire y buena radiación solar de modo de incrementar suficientemente la temperatura del suelo y matar las plagas (Katan et al., 1976; Braun, 1987; Abu-Irmaileh, 1991; Chen y Katan, 1980). La solarización del suelo ha demostrado ser efectiva, ambientalmente segura y aplicable a varias situaciones agrícolas para el control de diferentes plagas del suelo, incluyendo fitopatógenos y malezas. Se han llevado a cabo dos conferencias internacionales sobre solarización del suelo y sus actas cubren distintos aspectos de la solarización del suelo, sus aplicaciones y sus limitaciones (De Vay, Stapleton y Elmore, eds., 1991; Stapleton, De Vay y Elmore, eds., 1997)

La marchitez de varios cultivos causada por Verticillium y Fusarium así como otras enfermedades de las plantas han sido exitosamente controladas por medio de la solarización del suelo. Sin embargo, el éxito ha sido pobre en el control de otros patógenos, incluyendo especies de Pythium, Fusarium, Sclerotium rolfsii y algunos patógenos tolerantes al calor (Stapleton y De Vay, 1986). La solarización del suelo posterior a la plantación controló la marchitez del pistacho causada por Verticillium sp. (Ashwoth y Gaona, 1982).

Poblaciones de nematodos del suelo han sido sensiblemente reducidas por medio de la solarización (Stapleton y De Vay, 1996; Abu Gharbieh et al., 1990). Poblaciones de Pratylenchus thornei fueron sensiblemente disminuídas por la solarización (Greco et al., 1990). La solarización adicional de un suelo arenoso mejoró los resultados del control de Meloidogyne hecho con nematicidas sistémicos (Osman, 1990).

Comparado con el polietilieno claro, el polietileno negro conteniendo negro de humo absorbe la radiación solar y así reduce el calentamiento del suelo en varios grados. El promedio máximo de las temperaturas en todo el período de la solarización a 10 cm de profundidad fue de 46,2 °C y de 45,7 °C bajo una película de 0,06 mm de CPE y BPE, respectivamente, y de 41,8 °C en un suelo sin cobertura (Barakat, 1987). Películas más finas fueron más efectivas para calentar el suelo y más eficientes del punto de vista económico (Stapleton y De Vay, 1986). En suelos cubiertos con polietileno claro (CPE) la temperatura más alta a 10 cm de profundidad fue de 52,4 °C bajo una película de CPE de 0,04 mm de espesor y de 47,9 °C bajo una película de 0,08 mm de CPE durante el período 12 agosto-16 octubre 1986 en el valle del Jordán (Abu-Irmaileh, 1991a,b). Sin embargo, la cobertura de polietileno negro es más estable y durable en condiciones de campo (Anónimo, 1984; Dubois, 1978; Hancock, 1988; De Vay, 1990). La cobertura de los suelos con polietileno negro redujo la población de muchos patógenos del suelo tales como la marchitez del tomate y el enanismo de los frijoles causados por Sclerotium rolfsii (Reynolds, 1970); la caída de la cabeza de la lechuga causada por Sclerotinia minor (Hawthorn, 1975) y la pudrición de la lechuga causada por Rhizoctonia solani y por bacterias (Hillborn et al., 1957). El complejo de cambios que ocurren en el suelo solarizado pueden persistir por al menos dos años (Pullman et al., 1981).

Uno de los resultados visibles de la solarización del suelo es el control de un amplio espectro de malezas. Por lo tanto, este método es sugerido para obtener un control efectivo de las malezas. Sin embargo, las respuestas de las malezas a la solarización del suelo son variables. La solarización del suelo efectivamente redujo la tasa de difusión de las malezas al inicio de la estación pero gradualmente, hacia fines de la estación, su efecto disminuyó. La solarización del suelo efectivamente controló malezas anuales y la maleza parásita Orobanche. Sin embargo, las malezas perennes fueron más tolerantes a la solarización. Muchas malezas tolerantes no fueron controladas por la solarización con CPE sin otra cobertura. La solarización con CPE o BPE seguida por la cobertura del suelo con BPE no constituyó el mejor tratamiento para controlar malezas. La solarización del suelo usando cobertura de BPE es recomendada para un control casi completo de las malezas en el resto de la estación del cultivo. En este caso, la cobertura no es removida sino perforada a la distancia necesaria y las plantas se colocan a través de esas perforaciones. El disturbio del suelo después de la solarización redujo el nivel del control de malezas (Abu-Irmaileh, 1991a). La solarización del suelo después de la siembra usando BPE controló las malezas en un huerto de frutales recién establecido e incrementó el crecimiento de las plantas de almendros, olivos y vides pero la solarización del suelo con CPE causó severos daños a las plántulas de vid (Abu-Irmaileh, 1994). La solarización durante dos a cuatro semanas previno casi completamente la emergencia de muchas malezas anuales: Digitaria sanguinalis, Malva sp., Echinochloa sp., Chenopodium sp., Amaranthus retroflexus, Solanum nigrum hasta 4 cm (Elmore, 1983). La germinación de las semillas de malezas después de la solarización del suelo disminuyó en la capa superior del suelo y se incrementó con la profundidad del muestreo (Horowitz et al., 1983). Las malezas sensibles al calor fueron destruídas por los períodos más cortos de solarización y las semillas también murieron en las capas más profundas de suelo comparadas con las malezas tolerantes al calor (Standifer et al., 1984). Conyza sp. y Malva sp. fueron relativamente más tolerantes a la solarización del suelo (Horowitz et al., 1983). Las malezas con semillas latentes (Egley, 1983) y las semillas enterradas en capas profundas (Horowitz et al., 1983; Rubin y Benjamin, 1984; Standifer et al., 1984) escaparon al efecto de la solarización del suelo. La correhuela (Convolvulus arvensis L.) emergió en parcelas que fueron solarizadas con BPE. El Cyperus rotundus L. sobrevivió a 80 °C por 30 minutos mientras que los rizomas de Cynodon dactylon (L.) Pers. y de Sorghum halepense (L.) Pers. fueron más sensibles (Rubin y Benjamin, 1984). La solarización del suelo controló efectivamente la escoba de bruja Orobanche spp. (Jacobson et al., 1980; Abu-Irmaileh, 1991b) pero las especies de Cuscuta spp. fueron tolerantes (Abu-Irmaileh y Thababi, 1997). La solarización del suelo redujo la germinación de las semillas de Cuscuta spp. que estaban en la superficie del suelo (Haidar e Isdankarani, 1977). El banco de semillas en el suelo fue fuertemente reducido por la solarización del suelo. El efecto podría ser debido a uno o a la combinación de los mecanismos siguientes: muerte directa de las semillas por el calor, muerte indirecta de las semillas debilitadas por agentes microbianos y calor sub-letal, muerte de las semillas estimuladas para germinar en el suelo humedecido y con cobertura y muerte de las semillas en germinación y cuya latencia se había roto.

SOLARIZACIÓN DEL SUELO COMO UN COMPONENTE DEL MANEJO INTEGRADO DE PLAGAS (MIP)

Además del efecto letal de la energía radiante sobre las semillas de malezas y otras plagas en el suelo, la solarización del suelo es un método ecológicamente respetuoso de manejo de las malezas y puede ser considerado como un reemplazante de los fumigantes del suelo como el bromuro de metilo (MeBr) que es tóxico, costoso y causante de contaminación ambiental (Saghir, 1997). Con la tendencia existente para prohibir el uso del MeBr como un fumigante presiembra, se pondrá mayor énfasis en los programas del sistema de manejo integrado de plagas (MIP) para el manejo de patógenos, nematodos y malezas lo cual favorecerá oportunidades adicionales para utilizar la solarización del suelo. Los factores que determinan la utilización de la solarización del suelo en el MIP incluyen su compatibilidad con las prácticas estandardizadas de producción y otras tácticas de manejo de las plagas, su eficiencia contra plagas seleccionadas, la eficiencia económica y las acciones sinérgicas con otras tácticas de manejo de plagas (Chellemi, 1997).

La solarización del suelo ha sido efectivamente combinada con agentes de control biológico incluyendo Talaromyces flavus, Trichoderma harzianum Rifai y el hongo micorriza vesicular orbuscular (VO) Glomus fasciculum para controlar enfermedades de las plantas (Eldad et al., 1980; Tjamos y Fravel, 1985). También se han observado acciones sinérgicas entre la solarización y los agentes de control biológico (en el laboratorio, la combinación de calor sub-letal con la aplicación de Trichoderma harzianum mejoró el control de Rosellinia necatrix en el suelo de un huerto de manzanos), correctores orgánicos y fumigantes químicos. La aceptación de la solarización del suelo como un sistema de manejo de plagas con actividad específica respecto al sitio y a la plaga facilitará su integración en sistemas de MIP.

La solarización del suelo comenzó en 1978 en Jordania como un tema de investigación para estudiantes graduados (Al-Raddad, 1979). Varios tópicos de investigación probaron su efectividad como un medio ambientalmente seguro para el manejo de varias plagas del suelo, incluyendo fitopatógenos, nematodos, plantas floríferas parásitas y malezas (Abu-Irmaileh, 1991a,b, 1994; Barakat, 1987; Abu-Irmaileh y Thababi, 1997). A medida que la técnica demostró ser aplicable a nivel de finca comenzó su transferencia a los agricultores del valle del Jordán a fines de la década de 1980 para el control de Orobanche y otras malezas en el cultivo de hortalizas. En la actualidad, se estima que la adopción de esta técnica cubre cerca del 40 por ciento del área cultivada en el valle del Jordán, especialmente donde se utilizan el riego por goteo y la cobertura con plástico negro. Está reemplazando al bromuro de metilo en la agricultura protegida, en invernaderos y túneles.

Desde 1998, Jordania ha recibido apoyo del Fondo Multilateral para la Protección de la Capa de Ozono bajo el protocolo de Montreal. La solarización del suelo ha sido reconocida como una alternativa viable al MeBr. Su adopción fue fuertemente promovida en el valle central del Jordán donde el uso del MeBr era muy intenso. La técnica ha sido rápidamente adoptada por los agricultores e incluso en un año seco como el 2001, cerca del 75 por ciento de los agricultores aplicaron la solarización del suelo (Hasse, 2001).

BIBLIOGRAFÍA

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